Fuego, consumición, resurgimiento

Disparadores del día o cómo tocar fondo me lleva a apelar a un heterónimo, Ave Fénix, y a  Fito Paez “A rodar mi vida”,  para resurgir desde la desbordante desesperación. Fuego, cenizas, lágrimas, resurgimiento, luz…

Como lo conocían los griegos, es un ave mitológica del tamaño de un águila, de plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de fuerte pico y garras. Se trataba de un ave fabulosa que se consumía por acción del fuego cada 500 años, para luego resurgir de sus cenizas. Según algunos mitos, vivía en una región que comprendía la zona del Oriente Medio y la India, llegando hasta Egipto, en el norte de África. Muy presente en la poesía árabe. Ha sido un símbolo del renacimiento físico y espiritual, del poder del fuego, de la purificación, y la inmortalidad. Según el mito, poseía varios dones, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas.

Y Castoriadis que dice: “El ser es tiempo, el ser es caos, el ser es creación”

 

 

 

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