Sana convivencia

Ya aprendí a convivir con vos en mis sueños. La tuya, presencia constante, de oníricos encuentros no buscados. Ni te pienso para no convocarte. Tu dulzura, tu ternura, tu alegría, tu mirada, tu sonrisa, tu delirio, tu tranquilidad, tus abrazos, tus besos, tu apertura a la conexión, tu amor, ese amor que hermosamente fue destinado a mi. Imágenes dispersas, eróticas, conflictivas, dolorosas, caóticas, sueños que me abren a nuevas interpretaciones, resignificaciones, búsquedas, caminos. Lloré tu sola presencia onírica, hoy disfruto ese cruce inconsciente en la inconsistencia de la permanentemente cambiante vida cotidiana. Permanecés, ahí, cuando no busco nada y te encuentro en sueños. Me despierto riéndome de tus elocuentes apariciones. Recuerdo tus personajes mágicos, tus payasadas permitidas a toda hora, tu lucha por sanar y amar. Quizás nunca te vayas del plano de lo no dominado por mi, de lo que emerge sin buscarlo, de lo imposible-posible. ¡Gracias! Empiezo mi fin de semana con una sonrisa gigante por tu insistencia, por no irte del resquicio de lo onírico, ese plano que pareciera que es tuyo. Te ganaste la corona, no me queda otra más que admitirlo. Las canchas mutan pero pareciera que no hay suplencia posible. Ya aprendí a convivir con eso. Celebro los -oníricos- encuentros.
Abro los ojos, sonrío cómplicemente y despliego amor en el mundo luego del intenso e irrefrenable amor compartido.

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