Cada día es un circo

Ana, curiosa y movediza estudiante de Musicoterapia que conocí hace poco, me envió un corto bellísimo que me conmovió de tal manera que me disparó a la escritura, invitándome a realizar algunas conexiones, articulaciones, esbozar algunas ideas y hacerme algunas preguntas.

El corto es el siguiente:

Y aquí voy yo:
En principio, me detuve en la construcción identitaria desde el discurso y cómo ese discurso incide en las prácticas cotidianas de vida. El personaje “inválido” pudo intentar cambiar su relación con el mundo una vez que puso en cuestión el modo en que se auto-concebía, modo además creado por el director del primer circo: “Una perversión de la naturaleza. Un hombre, si se lo puede llamar así, a quien hasta Dios le ha dado la espalda”. Y, desde este enunciado, me pregunto: qué es la naturaleza, qué es ser hombre, qué es lo “natural” en un hombre. Y claro, también queda servido: quién es Dios como verdad última y legitimadora de lo mirable y lo no mirable -hasta el punto de darle la espalda-. En este sentido, invito a la reflexión de hasta qué punto la identidad auto-percibida es construida por la mirada de los otros, qué nos pasa con esa construcción inter-subjetiva, qué implica en la vida de este personaje vivir desde ese lugar y cómo podemos movernos para luchar por lo poético y lo transformador. Me pareció interesante que lo trataran como un ser que no siente por no tener miembros. Esto también suele pasar con los niños, a veces los adultos creen que los niños no ven, no escuchan, no sienten, no comprenden. Me conmovió profundamente su felicidad al sentirse abrazado por -justamente- un niño y abrazarlo con el rostro, sentí que era el primer abrazo que daba en su vida. Y sí, también se puede abrazar sin brazos!
El corto en sí es bello y simple. Creo que la complejidad humana no puede ser reducida a luchas y triunfos, como si fuera algo lineal y rápidamente clasificable en términos de victoria o derrota.
Quiero hacer hincapié en los diferentes modos de ser de un mismo sujeto y cómo emergen actitudes distintas -escupitajo vs nadar/flotar- según el contexto social, afectivo y humano.
Por último, me acordé de una película, “Freaks” (http://www.filmaffinity.com/es/film970488.html) que vi hace 7 u 8 años con una amiga compinche, Milu/Maqui, con quien en nuestra adolescencia entre entrenamientos y partidos de voley nos metíamos en el Malba para dejarnos sorprender y luego perdernos en caminatas y charlas fascinantes.
A este punto, ya ni sé qué es un circo. Me voy pensando: Qué nos entretiene? Qué es entreternos con los otros? Qué dispositivos de entretenimiento deseamos construir?

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