La huida poética como modo de fuga de las dinámicas opresivas…

El lunes y el martes me invadieron las lágrimas, las históricas y las coyunturales.
Las heridas emocionales que no sanan y quizás nunca lo hagan.
Lo mismo de siempre cuando una ya no es la misma.
Los lugares estancos en los que caigo luego de haberme lanzado al andar.
La violencia como único mecanismo de interacción ante el deseo de vinculaciones más amorosas en lazos afectivos sanguíneos.
El ninguneo ante la interpelación.
La necesidad de acudir a la RAE ante la (im)posibilidad de repensar la violencia sexista en el lenguaje.
Mi distancia y auto-preservación ante la imposibilidad de ser.
Habitar alguna/s subalternidad/es posibilita ver las existentes y luchar por sus transformaciones.

Aún así, con la mirada nublada, la desilución a flor de piel y los brazos caídos, mientras estaba sentada en una esquina cerca de mi antiguo hogar con mi bicicleta a mi lado, vi a Alicia Entel cruzar la calle. La observé en su apresurado andar con su misma cabellera desordenada de siempre. Ella coordina la fundación Walter Benjamin por ahicito nomás. Apareció lo extraordinario en lo cotidiano y recordé y enuncié en voz alta en plena esquina una de sus frases citadas en su primer teórico, que es para muchxs también el primer teórico de la carrera. Es el principio del camino en el final de las materias. Es la Cecilia adulta dialogando con la recién salida de la escuela media. Es la del hoy que siente que la coyuntura la apresa cuando ya ha logrado transitar ciertas necesarias huidas. Entonces,  dijo en el 2006 Agnes Heller desde el puño y la letra de Alicia Entel: “La prisión del presente sólo permite huidas ilusorias”. Hay momentos en los que deberíamos hacer de la huida un estilo de vida…

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One Response to La huida poética como modo de fuga de las dinámicas opresivas…

  1. Verónica says:

    Hay lugares que pareciendo estancos pueden, no obstante, no serlo… y hay huidas que no son escapes, que son otra cosa: son entregas, son bumerangs que nos permiten alejarnos críticamente de aquello que nos rodea para volver allí a re-significar, a instaurar un nuevo modo de ser y de estar en el mundo.
    Apelar a la RAE da cuenta asimismo de la imposibilidad de un pensamiento propio, de entenderse protagonista de la propia vida incluso. Hablar de un lenguaje que nos fue dado y no problematizarlo es casi creer en la idea de destino inexpugnable; es afirmarse títere o es ocultarse cobardemente detrás de lo legitimado (aunque cuestionado por todas partes) para no hacerse cargo de la propia responsabilidad. En cualquier caso, me resultaría triste verme en una situación así, pero es sabido que desaprender lo que está tan arraigado en el imaginario colectivo, no es fácil para nadie y cada tanto todxs caemos en lugares comunes por el estilo…
    El problema es que de la cobardía, el miedo, la inseguridad, a la violencia hay siempre una distancia demasiado corta…
    Animarse a ser libre no es soplar y hacer botella (¡la tengo con esta frasecita últimamente!) y a veces te deja un poco sola, un poco en off-side (quizás la metáfora futbolera ayude). Abrirse a vínculos profundos cuando hay pocos modelos acerca de cómo hacerlo, tampoco es sencillo. Sin embargo, si el afecto invocado es genuino, todxs deberíamos atrevernos a dar el salto alguna vez… Y ojo, que hablo del afecto genuino, que nada tiene que ver con los lazos de sangre.

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