Y se fue el 22 de noviembre…

Terminó el día de mi santa, la de la música.
Me siento en mi infancia en el Conservatorio Nacional de Música. Me veo caminando por sus pasillos que funcionaban como entramado de piezas que mágicamente “salían” de las aulas. Guitarras, pianos, violines, violonchelos, pasillos encantados. Adoraba pasear por largos ratos, me quedaba después de clases canturreando y pescando lo que se percibía, intentando luego conectar la música escuchada con la persona que lo podía estar tocando. Y deseaba ser “grande” y ser una gran música. Hice un mini conciertito en una muestra de fin de año de una pieza de vals denominada “A mi madre”, fue un martirio aprendérmela de memoria y tener que tocarla sin leer el pentagrama. Eso sí, al día de hoy la recuerdo a la perfección. Blanca, la profesora de guitarra, con quien a veces viajaba en el camino de colectivo de casa a clases me decía: “Tenés talento, podér ser buena”. Y yo no le creía. Me la pasaba horas practicando para poder tocar arpegios y recordar los ritmos. Mi altura era la misma que la de la guitarra, entonces la transportaba como si fuera una mochila, en mi espalda. Hasta el día de hoy en la funda conservo las anotaciones de clase y los libros de ese entonces. Clases de guitarra, de teoría y solfeo, de coro. Era obsesiva de pintar las negras, las corcheas  y las semi-corcheas, las pintaba bien pintadas. El compás del pentagrama lo escribía con colores, un color correspondiente para cada compás específico. Hoy la quiero conmemorar a esa nena, Cecilia, también santa de la música, que en algún momento soñó con ser música y tocar en conciertos…

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Cada día es un circo

Ana, curiosa y movediza estudiante de Musicoterapia que conocí hace poco, me envió un corto bellísimo que me conmovió de tal manera que me disparó a la escritura, invitándome a realizar algunas conexiones, articulaciones, esbozar algunas ideas y hacerme algunas preguntas.

El corto es el siguiente:

Y aquí voy yo:
En principio, me detuve en la construcción identitaria desde el discurso y cómo ese discurso incide en las prácticas cotidianas de vida. El personaje “inválido” pudo intentar cambiar su relación con el mundo una vez que puso en cuestión el modo en que se auto-concebía, modo además creado por el director del primer circo: “Una perversión de la naturaleza. Un hombre, si se lo puede llamar así, a quien hasta Dios le ha dado la espalda”. Y, desde este enunciado, me pregunto: qué es la naturaleza, qué es ser hombre, qué es lo “natural” en un hombre. Y claro, también queda servido: quién es Dios como verdad última y legitimadora de lo mirable y lo no mirable -hasta el punto de darle la espalda-. En este sentido, invito a la reflexión de hasta qué punto la identidad auto-percibida es construida por la mirada de los otros, qué nos pasa con esa construcción inter-subjetiva, qué implica en la vida de este personaje vivir desde ese lugar y cómo podemos movernos para luchar por lo poético y lo transformador. Me pareció interesante que lo trataran como un ser que no siente por no tener miembros. Esto también suele pasar con los niños, a veces los adultos creen que los niños no ven, no escuchan, no sienten, no comprenden. Me conmovió profundamente su felicidad al sentirse abrazado por -justamente- un niño y abrazarlo con el rostro, sentí que era el primer abrazo que daba en su vida. Y sí, también se puede abrazar sin brazos!
El corto en sí es bello y simple. Creo que la complejidad humana no puede ser reducida a luchas y triunfos, como si fuera algo lineal y rápidamente clasificable en términos de victoria o derrota.
Quiero hacer hincapié en los diferentes modos de ser de un mismo sujeto y cómo emergen actitudes distintas -escupitajo vs nadar/flotar- según el contexto social, afectivo y humano.
Por último, me acordé de una película, “Freaks” (http://www.filmaffinity.com/es/film970488.html) que vi hace 7 u 8 años con una amiga compinche, Milu/Maqui, con quien en nuestra adolescencia entre entrenamientos y partidos de voley nos metíamos en el Malba para dejarnos sorprender y luego perdernos en caminatas y charlas fascinantes.
A este punto, ya ni sé qué es un circo. Me voy pensando: Qué nos entretiene? Qué es entreternos con los otros? Qué dispositivos de entretenimiento deseamos construir?

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Búsqueda de nuevos sentidos

“La literatura es también el conjunto de las estrategias

que apuntan a destronar

esa lógica de la sumisión al Modelo

 e introducir la diferencia” _ Peter Pál Pelbart

A partir de Herman Melville y Franz Kafka surgen innumerables preguntas acerca del sentido de la vida, de la condición humana, de la ruptura de ciertos modelos sociales establecidos, de la evolución personal y de las diferencias.

H. Melville es precursor de F. Kafka.  El primero en “Barteby, el escribiente” y el segundo en “La metamorfosis” y “La condena” describen el individualismo del hombre contemporáneo, la ausencia del sentido comunitario de la vida.

Algunos datos personales de Kafka se ven reflejados en sus obras. Llevó una doble vida: de día trabajaba tediosamente en una compañía de seguros y de noche escribía extrañas historias de alienación y desesperación. Vivió siempre con su padre, despreciaba su trabajo, no tenía éxito en el amor y poseía una salud precaria. Durante toda su vida se consideró a sí mismo un proscripto: judío en una sociedad cristiana, alemanoparlante en Praga. Su obra se convirtió en sinónimo de paradoja y absurdo en un mundo donde nada, ni las relaciones personales, ni la comunidad, ni la existencia misma, tenía sentido.

Melville, a pesar de pertenecer a una familia acomodada, se embarcó en un ballenero y realizó un viaje de cuatro años por los mares del sur. Fruto de esta experiencia surgieron varias novelas, de las cuales la más famosa es Moby Dick.

¿La sumisión al “Modelo” garantiza la vida?

 “Bartleby, el escribiente” es una muestra fiel de “lo neutro” de la vida. La historia del escribiente que es contratado por un abogado para copìar documentos manuscritos muestra la presencia de una respuesta inesperada e irracional en un mundo burocrático donde la obediencia es lo esperable. A través de la frase “Preferiría no hacerlo” ante diferentes pedidos del abogado – jefe Bartleby genera un extraño desasosiego en el estudio que contamina a los demás. Su pasividad es arrasadora porque elimina lo que se prefiere y lo que no. Ni esto ni aquello vacía el sentido de la vida. Al rechazar todo alcanza una “nada de voluntad” , consigue una nada querer. Es como si Bartleby dijese: Yo preferiría nada a algo.  Muere en la cárcel solo, desequilibrado. Sin embargo generó a su alrededor un movimiento por el cual los demás empiezan a dudar de la propia razón. Un Bartleby gris, inmóvil, petrificado desencadena un cambio en el lenguaje, los lugares, las funciones.

En “La metamorfosis” Kafka degrada al hombre hasta transformarlo en un insecto que pierde su lugar, su familia, su lenguaje, su trabajo, su propia vida por desear algo diferente al mandato familiar. La primera frase del cuento ilustra la situación “kafkiana” arquetípica: “Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana de su sueño intranquilo, se encontró en su cama transformado en un insecto gigantesco”. La aparición de algo insólito genera también movimientos en la familia. El personaje tiene que transformarse en “bicho” para quebrar la monotonía del trabajo, la sumisión al jefe, al padre. Al desaparecer, aparentemente todo el ciclo termina. Sin embargo, “la hermana”, única aliada posible, comienza el mismo camino de alienación y sin sentido trazado por los padres-sociedad.

En “La condena” el vínculo padre-hijo ilustra ferozmente la no aceptación del crecimiento, de la evolución, del propio deseo. Promueve la culpa de quien intenta el éxito. El casamiento, el éxito económico son hechos que hay que ocultar porque producen malestar en los otros que por alguna razón carecen de ellos. La metáfora del padre que condena a morir ahogado a su hijo por ocupar su lugar, lo convierte al personaje en un suicida, que se mata a sí mismo para no “matar al padre”. El amigo representa ese otro yo valorado por el padre, a quien necesita  el protagonista para satisfacerlo.

Los tres personajes muestran que la sumisión al Modelo garantiza la vida y que contradecirlo desencadena la muerte. Ahora bien, ¿una vida sometida al Modelo puede ser clasificada como vida? En mi opinión es sobrevivencia, una vida sin sentido, vacía, sin objetivos personales, con automaticidad. Es decir, vida es realmente vida si tiene al menos una razón estimulante por la cual vivirla. En las tres obras los personajes mueren por no adaptarse a este Modelo, pero, ¿quién define si lo “extraño” son ellos o el modelo que no cumple con las necesidades de vida de los que se rigen por él?

Los hechos relatados conmueven de tal manera que nos obligan a pensar nuevos sentidos, tal vez, nuevos modelos.

Ensayo sobre “Bartleby, el escribiente” de H. Melville, “La metamorfosis” y “La condena” de F. Kafka acerca del sentido de la existencia.

 

Cecilia Sabatino Arias
4º 1ª
Año 2004
Normal Superior en Lenguas Vivas Sofía Broquen de Spangenberg

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En la búsqueda de la humanidad en lo humano

Duele el mundo, constantemente duele lo que hacemos ser de este espacio-tiempo. No elegí este mundo repleto de violencia, incomprensiones, angustias, desamparos, desigualdades, explotaciones y crueldades. Alguien lo pudo haber elegido? El ser humano pareciera carecer de humanidad. Fuimos, somos, seremos. La finitud. La posibilidad de hacer-ser. Disfruto observar con intensidad y transitar con plenitud los instantes mágicos de la vida. Pasaje, transitoriedad, capacidad de amar y celebrar la luz de los encuentros.  El cuerpo es arte, el cuerpo es poético, el cuerpo habla, llora, grita, ríe, duele, juega, vuela, ama. Los cuerpos vivientes se conectan, comparten y gozan. La pasión me desborda y nuestros cuerpos dialogan, narran, vibran, crean, sueñan, poetizan, viajan, filosofan, se erotizan. Ellos, tu cuerpo y el mío, están ahí ,”siendo” en el encuentro. Son cómplices, narradores en lo íntimo, constructores de tramas incontables, descubridores insaciables, gemidores cantautores.
Y estoy aquí y ahora y estoy en mi cuerpo y es domingo y es de noche y miro el cielo y me regala sus estrellas, esos puntos distantes y lejanos, ya inexistentes pero plenas de vida y pienso en la humanidad de lo humano y pienso en cuando la vida -como ahora la mía- tiene múltiples sentidos para ser, cuando el sol brilla con intensidad y la luna es llena y el viento me susurra con dulzura y el universo es magia. Y somos pasaje y somos tránsito y sólo siendo y construyendo con los otros podemos conectar desde miradas genuinas, gestos sinceros, palabras sentidas, apuestas colectivas y ser, plenamente ser diversos, ser únicos en un mundo con más humanidad de lo humano.

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Transitar por A posibilita reconocer B

Finde de encierro, lecturas teóricas interminables, parcial estresante, el cansancio que me tira, se me viene encima la semana agotadora, las cuestiones pendientes, las urgencias, lo importante por resolver, la vorágine del sin parar cotidiano y mi cabeza que se resiste a seguir sumando conceptos, categorías analíticas, marcos conceptuales, ejes de análisis.  Pero, afortunadamente, siempre aparece mágicamente algún término o idea que me interpela con intensidad. Hoy sintonicé con la idea de comprender el proceso de construcción de estados post neo-liberales en la América Latina actual con un foco central en la desmercantilización de las relaciones sociales, en contraposición a la mercantilización consolidada en los gobiernos neoliberales.
“Y, ¿por qué no también de los cuerpos?”, me dijo mi amiga Julieta.
“Claro, también de los cuerpos”, le contesté.
Sigo pensando. Esas relaciones son también en cuerpos, con cuerpos, entre cuerpos.
En relación a estos posicionamientos, hace poco aprendí que las ausencias nos obligan a construir presencias valiosas. Esas interacciones de brillo e intensidad desbordan las imposiciones del mercado, lo jerárquico, lo violento, el interés económico en la relación contractual y la instrumentalización del contacto con el otro. No sé qué forma irán tomando los nuevos tipos de Estado, pero sí sé que otro mundo es posible en relaciones humanas des-mercantilizadas, en marcos de creatividad, reciprocidad, contención, amor, respeto y trabajo con el otro.
Violines transportadores hay…

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La vida como proceso de aprendizaje: Trabajo de edición

A partir de un diálogo muy ameno con un sociólogo y otros intercambios que vengo teniendo, estoy pensando en la narración de la propia historia de vida como un trabajo de edición. Cuáles recuerdos se recuerdan y cuáles no, así como el modo de narrar la historia son selecciones de uno en tanto editor de la propia vida. Ese modo de narración abre a elaboraciones y resignificaciones. Se editan etapas para luego poder crear nuevas tomas, puntos de vista, personajes e historias que luego serán editadas y así sucesivamente. Es un ida y vuelta constante elaborando lo vivido, soñando el futuro y creando en el aquí y ahora.

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